Qué queda afuera

Con el tiempo, muchas arquitecturas terminan acumulando piezas que nadie se atreve a quitar. No porque sigan resolviendo un problema, sino porque alguna vez fueron consideradas una buena práctica. DFE prefiere preguntar primero qué necesidad concreta resuelve cada pieza.

Estas piezas no forman parte de la convención mientras no resuelvan un problema que ya existe:

Un trait sigue siendo la herramienta correcta cuando hay dos implementaciones reales, por ejemplo dos pasarelas de pago.

DFE usa las propiedades de Rust para organizar el sistema: datos explícitos, funciones con un solo trabajo y el compilador como lista de lo que falta. Los nombres de las carpetas evitan los de otras arquitecturas para no arrastrar sus hábitos antes de tiempo. No se trata de rechazar una herramienta por su nombre, sino de no introducirla antes de que exista una razón.